La brevedad del goce

Paula María Arribas Cintrón
Educación en Arte, Facultad de Educación
Historia del Arte, Facultad de Humanidades

 

Este semestre estuvo lleno de mucho vacío. Por esa razón decidí hacerme voluntaria para actividades como el Festival de la Palabra, la Trienal Poligráfica (para el cual no me escogieron, quizás no me vi muy élite), el MAPR, el Museo de Arte, Historia, y Antropología (...o Antropología y Arte, disculpas anticipadas porque nunca supe el orden). En fin, solo el MHAA me escogió como voluntaria. En el primer día del voluntario, me presenté a la hora que me tocaba y me encontré a un corillo de pre adolescentes del octavo grado de la Escuela Intermedia José Celso Barbosa que disfrutaban de la sala (Reflejos de la Historia de Puerto Rico 1751-1950) junto a su misi de Arte, el míster de Historia y la bibliotecaria. Al entrar, me sorprendió el hecho de ver tanto movimiento dentro de una sala de un museo y mucha "gritería". Estos pubertos estaban inquietos y pensé que nos le interesaba la sala sino que los habían obligados.

 

 

Me reporto ante Cecilia, la encargada del recorrido, para dejarle saber que llegué para ser la mejor voluntaria, por eso de que después me vayan a considerar para un trabajo permanente (lo que es irónico porque solo estuve ahí una hora). Al incorporarme con Cecilia comienzo a notar los intereses del corillo. Ya habían pasado tiempo en la sala, pero cuando llegué todos estaban de frente a la pintura de José Celso Barbosa ("Celso Barbosa" por Federico Álvarez Des, c.1969). Los estudiantes estaban en posición casi de altar frente a la pintura del prócer que le daba el nombre a su escuela intermedia. La primera pregunta hacia mí (cuando notaron mi presencia) era que a qué edad murió. Me pareció curioso, en parte, porque no sabía cuándo había muerto ni la consideraba una pregunta que un chamaco de trece años quisiera hacer. Aparentemente, querían saber cuántos años tenía cuando murió. Le hice la matemática y se lo dije, pero no mostró otro interés (yo estaba bien pompiá para hablarle sobre la importancia de Barbosa en la historia política de Puerto Rico.)

 

 

Continuaron el recorrido y me quedé junto a ellos. Me acerqué sigilosamente a uno de ellos y le pregunté: Habla claro, ¿cuál te gustó más? El chico señaló un cuadro de "La masacre de Ponce" por Fran Cervoni, 1989. Para mi sorpresa, cinco estudiantes comenzaron a analizar la pieza con el mister de historia mientras se escuchaba en el fondo un "muchachito de Dios, no te acerques a la pintura" y uno que otro "mala mía, misi". Hablaron como diez minutos sobre el cuadro, el evento histórico de la masacre de Ponce y los diferentes íconos de la pintura. Estaba media nerviosa porque, entre un estudiante queriendo saber a qué edad murió Barbosa y otro gustándole el tema de la masacre, ya me estaba poniendo a sudar. (¿Qué es la que hay con estos niños?) Estuve con ellos como media hora y fue una experiencia enriquecedora. Me enteré de que hay un museo de zoología en el Facundo Bueso y que fueron a verla; también que los propios estudiantes tenían una exposición de dibujo en la biblioteca de su escuela, así que, me invitaron. (Me alivié que extendieran la invitación porque tengo que hacer una experiencia de campo para la clase de Educación Especial y estoy atrás en eso). Pero, de todos modos, cuando se fueron los pubertos, al rato Cecilia se fue a almorzar.

 

 

Me quedé sola con más de 300 años de historia a cargo y supliqué a todos los dioses que no llegara nadie. Hice el recorrido de la sala como por décima vez y leí todos los calces. En mi mente decía: “…contra al fin el MHAA sacó a pasear las serigrafías de Lorenzo Homar y las pinturas de Campeche…”, entre otros calumniadores pensamientos. Para mi -des-gracia, entró una joven. Parecía una colega universitaria. Me acerqué para preguntarle el motivo de la visita como nos había enseñado Cecilia en la reunión de voluntarios; “Hola, ¿Vienes de una clase?” A lo cual su respuesta fue: “No, por placer”. Esa respuesta tan seca y convencida paralizó todo mi cuerpo. Toda esta mezcla de sentimientos hace que reflexione; todavía hay personas que hacen cosas por placer y me cuestioné el por qué eso me sorprendió. Ahora todo viene como una revelación divina; aquellos estudiantes del octavo grado y ese interés tan particular sobre la muerte. La muerte del estudiante. La condena que sufre el estudiante por el sistema escolar de este país. El sistema que condena al estudiante a una temprana muerte de ideas, gustos y placeres. Desde muy pequeños tenemos filtros sobre qué cosas hacemos –o debemos hacer- por placer, gusto, como quieran llamarle y cuáles hacer por necesidad, como estudiar o solo visitar el museo de la universidad, si es que entran a alguna, por ejemplo.

 

3 de abril del 2016    

 

Revista [IN]Genios, Vol. 3, Núm. 1 (septiembre, 2016).
ISSN#: 2374-2747
Universidad de Puerto Rico, Río Piedras
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Posted on September 12, 2016 .